¿Quién es Joan Cardona y porqué debe entrar en prisión?

(Foto: http://www.abc.es)

¿Podemos confiar en una justicia que encarcela a un joven sin pruebas concluyentes, y deja libre a un condenado por corrupción? Esta pregunta, a pesar de ser cierta en gran medida, requiere un cierto análisis si queremos evitar caer en la demagogia. Empecemos por el principio: ¿Quien es Joan Cardona? ¿Y porqué debe entrar en prisión?

Joan Cardona: joven homosexual condenado por violar a una chica

El 19 de diciembre de 2012, una chica sufría una agresión sexual en el portal de su casa. La víctima afirmaba no conocer a su agresor y no haberlo visto nunca antes. Sin embargo, días después, la chica denuncia a un joven – Joan Cardona – que solía comprar en el supermercado donde ella trabajaba, señalándolo en una rueda de reconocimiento posterior como a su agresor.

Joan Cardona, sin embargo, no sólo probó en el juicio que se encontraba en otro lugar en el momento de los hechos sino que, además, su condición de homosexual convertía en ridícula la acusación de haber agredido sexualmente a una chica. El chico se encontraba chateando con su novio en el momento de los hechos, tal y como este último declaró en el juicio. Además, la chica denunció que el agresor había llegado en moto la noche de la agresión: Joan Cardona demostró que no tenía moto ni carné para conducirla. Contrariamente a lo que parece de sentido común, el Juzgado Penal número 8 de Barcelona condenó al joven como autor de una agresión sexual a tres años de prisión. Después de que el Tribunal Constitucional rechazara su recurso de amparo, a Joan sólo le quedaba pedir un indulto para evitar ser encarcelado. El pasado mes de febrero, sin embargo, el Gobierno rechazó indultarlo: Joan Cardona debe entrar, pues, en prisión.

Una sola declaración, suficiente para encarcelarlo

La única prueba contra el joven era el testimonio de la chica. Es justo condenar a alguien sólo en base a la declaración de una persona? Se ha respetado su presunción de inocencia? El juez se valió de la doctrina avalada por el Tribunal Supremo, según la cual una sola declaración puede servir para condenar al acusado, siempre y cuando haya verosimilitud objetiva (la declaración esté corroborada por indicios externos), verosimilitud subjetiva (el testigo no tenga motivos personales que resten credibilidad a su versión de los hechos) y persistencia en la incriminación, es decir, que la persona haya declarado exactamente lo mismo desde el principio del procedimiento, sin cambiar su versión. En la sentencia, el juez afirmaba que la declaración de la chica cumplía con todos estos requisitos. No obstante, resulta chocante que a pesar de que el chico sea homosexual, que no tuviera moto ni permiso de conducir, y que numerosos testigos afirmaran que el acusado se encontraba en otro lugar, el juez siga considerando que la declaración de la víctima tenía verosimilitud objetiva.

A Joan le queda la posibilidad de recurrir la sentencia en Estrasburgo, pero de momento tiene que entrar en prisión y la sentencia del Tribunal europeo podría llegar cuando el joven ya hubiera cumplido la condena.

Mientras tanto, libertad sin fianza para Urdangarín

Se podría pensar que esta historia no es más que un caso aislado en el que el sistema judicial ha fallado. No obstante, cuando noticias como la del caso de Joan Cardona llegan junto con las de casos como el de Iñaki Urdangarín, no es de extrañar que surja una cierta indignación pública. Sabemos que Urdangarín ha sido condenado a seis años de cárcel por saquear las arcas públicas. Sabemos también que, si el cuñado del rey aún no ha entrado en prisión es porque su sentencia está pendiente de ser revisada por el Supremo y que la Audiencia de Palma consideró que no era necesario ponerle entre rejas aún ni hacerle pagar fianza mientras se resolvía el recurso, ya que “no hay riesgo de fuga” por parte del marido de la Infanta. Pero también sabemos que, mientras Joan Cardona entrará en prisión en los próximos días, Iñaki Urdangarín sigue con su vida en Suiza como si nada hubiera pasado.

No es de extrañar que la reacción sea indignarse ante un sistema judicial en el que un ex-miembro de la familia real acusado de saquear las arcas públicas elude la cárcel – de momento – mientras que un joven homosexual deberá pasar los próximos tres años de su vida entre rejas acusado de violar a una mujer, a pesar de las pruebas que apuntan a su inocencia. A esto hay que sumarle otro escándalo reciente del sistema judicial español que ha tenido eco internacional: la condena penal a Artur Mas, Irene Rigau y Joana Ortega por organizar una consulta democrática.

La justicia no sólo debe ser justa, también tiene que parecerlo

Dice el famoso refrán que “la mujer del César no sólo debe ser honesta, también tiene que parecerlo”, en referencia a que los cargos con responsabilidad deben inspirar confianza al público, además de hacer bien su trabajo. Así pues, la justicia no sólo debe ser justa, sino que también debe dar tal apariencia. Y esto último es casi tan importante como lo primero, dado que la confianza de los ciudadanos en el sistema judicial es un pilar básico en una sociedad democrática. Y, aunque la justicia suele funcionar en la mayoría de casos – que pasan desapercibidos -, noticias como las de Urdangarin, el caso Joan Cardona, o el juicio por el 9N, entre otros, dan una imagen pésima de nuestro sistema judicial y hacen que la mayoría de ciudadanos españoles no confíen en la justicia.

En tiempos políticamente convulsos, los juzgados y tribunales deben ser el refugio de los derechos de los ciudadanos, una protección frente a los abusos de poder. Es necesario que la ciudadanía vuelva a percibir los jueces como guardianes de sus derechos y libertades y no como una amenaza o como un sistema que sólo sirve para servir intereses políticos y proteger a los más privilegiados.

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