Seis argumentos contra la pena de muerte

Cuando hablamos de derechos humanos, hay ciertas situaciones que nos deberían hacer poner en alerta. Una de ellas es la que viví hace unos días en una clase magistral sobre derechos humanos, impartida en una universidad europea en pleno siglo XXI. Analizando la jurisprudencia sobre el derecho a la vida del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el profesor pregunta, por curiosidad, si alguien de los presentes se declara a favor de la pena de muerte. La pregunta en sí ya me sorprendió. “¿Quién, formándose en derechos humanos a nivel universitario, podría estar a favor de vulnerar el más básico de todos los derechos?”. Lo que pasó después de la pregunta, sin embargo, debería hacer poner los pelos de punta a cualquiera.

Lejos de formarse el silencio, tres o cuatro manos se levantaron. Al ver que no estaban solas, otras tantas manos inseguras hicieron lo propio, lo que significaba que unas ocho personas, en una clase de aproximadamente cincuenta alumnos, se declaraban a favor de dar permiso al Estado para poder matar legalmente a las personas. Remarco que todas estas personas cursan actualmente estudios universitarios relacionados con los derechos humanos.

El profesor, disimulando como podía su sorpresa – o directamente su repulsión – pidió a los partidarios de la pena de muerte que razonaran su posición. Como era de esperar, salieron los clásicos argumentos utilizados por los populismos y por la extrema derecha: “sólo para los casos más extremos” – obviando que hay tantas opiniones sobre lo que es extremo como personas en el mundo -, “ayudaría a prevenir más delitos “- pasando por alto los estudios que demuestran lo contrario -, o el argumento más repugnante de todos:” mantener a alguien en la cárcel de por vida es muy caro, la pena de muerte serviría para ahorrar recursos “.

Más tarde, reflexionando sobre el tema, me di cuenta de que aquella anécdota no era más que una pequeña muestra de lo que está pasando en los últimos meses en el mundo occidental: estamos viviendo un giro político hacia la extrema derecha, con todo lo que ello conlleva. Y, en tiempos convulsos, es fácil caer en sus trampas, y uno de ellos es el discurso favorable a la pena de muerte para acabar de forma “fácil” con algunos problemas. Es aquí donde debemos tener más claro que nunca cuáles son las razones para defender la democracia y los derechos humanos. Hay que cortar de raíz cualquier discurso favorable a la pena de muerte. Hay muchos argumentos para posicionarse en contra de este castigo inhumano, pero a continuación expongo los que son más convincentes desde mi punto de vista:

  1. Legalizar la pena de muerte significa dar poder al Estado para que pueda matar legalmente. Los poderes públicos tienen la obligación de velar por nuestra vida. No obstante, con la pena de muerte, damos poder al Estado para que nos la pueda quitar. Una vez se abre esta puerta, todos podemos llegar a ser víctimas y el derecho a la vida queda reducido a papel mojado, al igual que el resto de derechos humanos. El Estado pasa de proteger la vida de los ciudadanos poderlos matar cuando y como considere conveniente.

    2. Estar a favor de la pena capital implica también estar a favor de la tortura. La prohibición de tortura es la norma de jus cogens – es decir, imperativa en derecho internacional – más extendida y reconocida por todas las naciones del mundo. Muchos tribunales internacionales han reconocido que el hecho de condenar a una persona a la pena de muerte, y tenerla durante un tiempo determinado en el corredor de la muerte esperando la ejecución, implica un sufrimiento psíquico tan desmesurado que equivale a una forma de tortura – conocida como death row phenomenon -. Con la pena de muerte, no sólo estamos renunciando al derecho a la vida sino también a la prohibición de tortura, destruyendo así los dos pilares más fundamentales de los derechos humanos.

    El argumento del death row phenomenon invalida también el famoso “ojo por ojo, diente por diente “: Esta prolongada tortura psicológica previa, sumada a la ejecución en sí, es un castigo mucho más severo que la mayoría de crímenes por los que se impone la pena de muerte. A esto hay que añadirle el hecho de que no hay ningún método de ejecución que no implique también un atroz sufrimiento físico, tal y como se ha demostrado tras la polémica sobre la inyección letal en EEUU.

    3. Los jueces son personas y, como tal, cometen errores. Confesiones falsas, errores en la identificación de sospechosos e incompetencia de abogados defensores han llevado a uno de los países que más personas ejecuta, Estados Unidos, a condenar a muerte a personas inocentes en más de una ocasión. Es difícil conocer cifras exactas, pero hay estudios que apuntan a que el 4,1% de las sentencias de muerte en EE.UU. se deben a errores judiciales y condenan a personas inocentes. Casos como el de Carlos DeLuna, ejecutado en Texas en la década de los 80, probándose posteriormente que era inocente, deberían servir para acallar a cualquier defensor de la pena de muerte.

    4. La pena de muerte no sirve para prevenir más delitos. No sólo no hay ninguna prueba convincente que demuestre la eficacia de la pena capital en este sentido, sino que numerosos estudios han comprobado que no sirve en absoluto para frenar la criminalidad. Según un informe de Amnistía Internacional, en países como la India o Canadá el número de asesinatos se redujo precisamente cuando se dejó de aplicar la pena de muerte.

    5.Puede llegar a convertirse en un instrumento racista, discriminatorio o de represión política. Diversos estudios apuntan a que en países como los Estados Unidos, una sentencia de muerte es mucho más probable si el acusado es de raza negra o hispana, debido al sesgo racista del sistema judicial. Además, muchos estados utilizan la pena de muerte para controlar la disidencia política, acusando a los opositores de delitos que no han cometido para poderlos ejecutar. Una vez legalizada la pena de muerte, la frontera entre democracia y dictadura queda difuminada.

    6. Choca frontalmente con el principio de reinserción de los presos. Este es un punto obvio pero hay que tenerlo en cuenta. En un Estado democrático, el objetivo de los castigos impuestos por el sistema penal debe estar orientado a la reinserción social de los delincuentes. Este principio se basa en la idea de que todo el mundo merece una segunda oportunidad – tras haber cumplido con la condena pertinente – y en el valor intrínseco de la dignidad humana. Un sistema penal que contempla la pena de muerte no respeta en absoluto esta dignidad y niega, evidentemente, cualquier oportunidad después de haber cumplido el castigo.

El discurso favorable a la pena de muerte es a menudo una reacción visceral cuando se hacen públicos algunos crímenes realmente atroces, pero es también una manifestación del miedo que siente mucha gente frente a amenazas como el terrorismo. No olvidemos que la extrema derecha y el fascismo se alimentan precisamente de este miedo, y la utilizan para hacerse con el poder y acabar con la democracia.

En una época amenazada por fenómenos como el terrorismo internacional, la llegada al poder de Trump o la subida general de la extrema derecha en Europa, hay que defender más que nunca los derechos humanos y la idea en la que se basan estos derechos: la dignidad de las personas. Y si creemos en la dignidad humana, tenemos que defenderla en todos los casos, incluso para aquellos que la han negado en un primer momento al cometer crímenes atroces. La pena de muerte sólo sirve para que en vez de cometerse un asesinato, se cometan dos.

 “La oscuridad no puede vencer a la oscuridad: sólo la luz puede hacerlo”.

Martin Luther King Jr.

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s